Soy maniático de la
higiene, manía relacionada con el miedo a la enfermedad, al dolor y, por último,
a la muerte, supongo. Me parece que algo ha tenido que ver Alondra, también,
ella se lame todo el día y como que te obliga a andar más limpio para estar a
su altura.
Hace meses que no me
corto el pelo con la secreta intención de parecerme a Nick Cave, sin buenos
resultados. En mi mente soy Nick Cave, bailo como él y pongo cara de culo como
él y hablo de manera teatral como él, como diciendo las últimas verdades del
hombre, aunque solo pida una coca-cola en el quiosco. Por supuesto, antes de
salir a la calle, me peino hacia atrás, valientemente, para mostrar mi noble
frente, tal como aconseja el colega Armando Rubio.
Algo tiene la mugre, un
encanto misterioso que hace que nuestro cabello se vea mejor, una especie de
magnetismo inherente a la mugre que nos hace resplandecer en la vía pública,
glamour de cuneta se le podría llamar, si hemos de acuñar un término para esta
grasienta forma de distinción.
El caso es que fui a
comprar a la feria y me dijeron, Marco Antonio Solís, “hola, poh, Marco Antonio
Solís”, así me llamaron. En ningún momento, Nick o Cave o Nick Cave, nada de
eso, porque para la gente no soy un héroe dark, para la gente no soy una figura
post-punk, para la gente tengo un look evangélico tipo Marco Antonio Solís.
Yo creo que es porque me
lavo el pelo muy seguido, entonces, me queda muy voluminoso y sin mucha forma,
como un hippie limpio o un evangélico romántico, que viene siendo más o menos
lo mismo.
Yo creo que tengo que
ser más sucio y desprolijo, tal como recomienda Pappo en su hit llamado Sucio y
Desprolijo, la letra dice más o menos así: “Yo que soy un hombre desprolijo, no
tengo conflictos con mi ser, porque en la apariencia no me fijo, piensan que
así no puedo ser”. Es buena esa canción, como que te impulsa hacia algún lugar,
quién sabe dónde, pero te moviliza, da energía. Claro que no me representa.
De haber escrito yo la
canción diría algo como, “yo que soy un hombre pulcro y más que pulcro,
maniático de la higiene y el orden, tengo conflictos con mi ser y los demás
seres, porque tengo miedo a la enfermedad, al dolor y a la muerte, me gustaría
no ser así, me gustaría ser más como Pappo, pero no, porque me lavo el pelo
todos los días y no me veo sexy en la feria y en vez de confundirme con Nick
Cave, me dicen, hola, poh, Marco Antonio Solís”.
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